Charla con R. L. Williams
Mientras la gente se agolpaba de stand en stand buscando las novedades editoriales de la FIL de Monterrey, en el edificio contiguo (Holiday Inn Fundidora, Salón Acero 1) media centena de especialistas, de todo el mundo, de la obra del escritor argentino Julio Cortázar se encontraban reunidos en el VIII Coloquio Literario de la FIL de Monterrey, dedicado precisamente al Enormísimo Cronopio. Sin duda alguna, sólo falto un poco de vino y tabaco durante las dos jornadas (16 y 17 de octubre de 2008), para que aquellas ponencias se convirtieran en auténticas reuniones del “Círculo de la serpiente” o del “Cluny”, porque el ambiente intelectual e internacional y los temas filosóficos, literarios y jazzísticos, de los que tanto se habla en los textos cortazarianos, flotaba en el recinto. El encuentro fue más allá de la simple exposición de investigaciones acerca de las formas narrativas, la multiplicidad temática o la experimentación lúdica y ficcional de Julio Cortázar; no, ahí se perdía la línea entre expositores y oyentes, y hubo una participación muy activa por parte de cada asistente.
Mario Golobof
Uno de los temas que se trataron con profusión fue el de las lecturas de Cortázar. Por un lado, Mario Goloboff, biógrafo de Cortázar, con su aire sereno nos introdujo a un mundo de textos cortazarianos que, al compararlos con los de otros autores, resultado de su bagaje literario, aparecen como reescritura de ideas ajenas con connotaciones metafísicas y religiosas. Por mencionar algunos ejemplo están, “El perseguidor” que nos recuerda varios pasajes de la Biblia (Dédée con vestido rojo como Babilonia, las trompetas del Apocalipsis, epígrafe, etc.), “Casa tomada” con “La caída de la casa Usher” de Edgar Allan Poe, o “Circe” con el mito del Don Juan.
Freyre, Barrantes, Celorio
Por otro lado, la Dra. española Beatriz Barrantes-Martín y el escritor Gonzalo Celorio coincidieron en hablar acerca de un lugar idílico para todos los cronopios: la biblioteca de Julio Cortázar donada por Aurora Bernárdez a la Fundación Juan March en Madrid, que consta de más de 4000 ejemplares con anotaciones al margen escritas por el mismo Cortázar. Aunque parezca ocioso o voyerista revisar cada uno de estos ejemplares, ambos ponentes explicaron que en realidad es una crítica puntual que el propio autor hace a los libros que ama o que detesta. Los comentarios están escritos en español, francés e inglés dependiendo de su humor. Entre los autores vetados por Cortázar se encuantran Galdós y Lovecraft, en cambio le son entrañables los poetas de la generación del ’27, Felisberto Hernández y Lezama Lima. El tema es muy importante porque cuando Cortázar escribía se ponía en los zapatos del lector y esperaba una respuesta recíproca, como se lo explica en una carta a su amigo Jean Barnabé: la otra forma de leer [es] como me gusta a mí, lápiz en mano, peleándome con el autor, mandándolo al diablo o abrazándolo.
patán
Hubo además otras ponencias interesantes; desde Polonia Iwona Krupecka nos habló sobre el aspecto lúdico de Cortázar, pero más importante aún, son las reglas que les impone a sus personajes insertos en este tipo de textos. Otra ponencia estupenda fue la del escritor Federico Patán, que habló de uno de los textos menos conocidos de Cortázar: Los autonautas de la cosmopista, y conmovedoramente explicó el proceso del libro: los autores Cortázar-Dunlop, los mapas hechos por un niño de 14 años, las diversas peripecias y el verídico y triste desenlace. Pero no hay que olvidar la interesantísima exposición acerca de Los premios de la Mtra. española Teresa Giménez Olavarriaga, que compara el libro con el cuadro de Picasso titulado El guitarrista, en el sentido de que con esa novela el escritor intentó abarcar simultáneamente todos los espacios como lo hace un cuadro cubista.
El Guitarrista, 1918
Otras exposiciones que destacaron por su lucidez, claridad y elocuencia fueron las de Raymond L. Williams (Estados Unidos), el escritor peruano Maynor Freyre, el Dr. Miguel G. Ochoa, la Dra. Elizabeth Sánchez y el Mtro. Javier Galindo Ulloa, cuyas miradas sugieren una lectura distinta de los cuentos y novelas que fanáticos cortazarianos creían conocer a la perfección.
Elizabeth Sanchez, javier Galindo, Iwona
En su 8ª edición, el Coloquio Literario de la FIL de Monterrey ha demostrado su relevancia, no sólo por la talla de los expositores, sino también por la de sus asistentes: por poner un ejemplo, estuvo allí el célebre crítico Noé Jitrik, amigo personal de Cortázar.
Noé Jitrik

Publicado en: "La plaza", suplemento del periódico El economista, 28 de octubre, México, D.F.